
Julia recomendó esta canción porque “no había escuchado esta canción hace mucho tiempo, y un amigo cafayateño en una guitarreada se pone a tocarla y me volví a enamorar, de la canción eh. Muy buen tema de la tierra cubana.”
Empezamos a imaginar donde estaba Julia el día de esa guitarreada, en un camping, entre las montañas(?) muchos pueden ser los escenarios, incluso la propia Cuba…y nos preguntamos qué magia habrá generado en ella este don de su amigo cafayateño de ponerse a interpretar tan dulce tema.
Y ya que no podemos saber lo que le ocurrió a ella, nos dan ganas de adentrarnos en la historia de este grupo. Ir hacia tierra cubana donde en 1938, en La Habana, se funda el Club Social de Buena Vista. Era un espacio de diversión para el pueblo, donde trabajadores que necesitaban su propio lugar ante la lluvia de turistas norteamericanos -que en la década de los cuarenta disfrutaban de “la isla de la fantasía”-. La Cuba de ese entonces era, para los extranjeros con dólares, sinónimo de hoteles de lujo, grandes casinos y prostíbulos de mujeres alucinantes.
En este contexto, el Buena Vista era una institución, un club, en la que los asociados pagaban una cuota voluntaria al mes y tenían derecho a diversas clases de baile, ebanistería y costura. También podían participar en las competencias de baile que se organizaban al son de los grupos de la época.
La música se convirtió en la fuerza centrífuga de este club social: música callejera, popular, instintiva. Por allí pasaron la orquesta Aragón, Benny Moré, el Trío Matamoros, Pedrito Calvo, Compay Segundo cuando hacía parte de Los Compadres y Cachao, creador del mambo junto a su hermano Oreste. Acá no tocaban por dinero sino por goce y placer comunitario.
"Eran tiempos muy románticos —cuenta Montalvo— saludábamos con el sombrero a las señoritas, y si una te gustaba, le echabas el sombrero al suelo. Si ella te correspondía, pisaba una parte del ala del sombrero y ya estaba". Y nos representa un mundo de galantería y rituales del coqueteo que parece hoy demasiado lejano.
La canción que inmortalizó al club fue la compuesta por Cachao López: un danzón instrumental, un lento vaivén cubano que se presta para que el piano se arriesgue con las improvisaciones que le vayan saliendo, al que tituló con el nombre de la sede: Club Social Buena Vista, o como luego trocó en el inglés de Ry Cooder, Buena Vista Social Club.
En 1996, Ry Cooder - guitarrista y productor norteamericano- viajó a La Habana buscando unos músicos provenientes de África para grabar un disco. Nunca dio con ellos. Sin saber qué inventarse, y asesorado por el arreglista cubano Juan de Marcos González, tuvo una ocurrencia salvadora: decidió ir de casa en casa buscando a esos músicos legendarios que estaban echados en el olvido.
Así encontró a Compay Segundo, de 90 años; al pianista Rubén González, que a sus 77 se dedicaba a tocar el piano para los ensayos de las niñas de la Escuela de Danza de la Habana; al cantante Ibrahím Ferrer, que tenía 70 años y trabajaba como limpiabotas; a Omara Portuondo, a Eliades Ochoa, a Barbarito Torres, al trompetista Manuel Guajiro Mirabal, a Orlando 'Cachaito' López (hijo de Orestes, sobrino de Cachao) y a Manuel 'Puntillita' Licea. En total, eran 17 músicos de sangre con algunas coincidencias: todos eran viejos, ninguno había estudiado en el conservatorio y nunca estuvieron interesados en irse de la isla para convertirse en artistas de renombre internacional. Muchos seguían tomando ron y fumando tabaco, como lo hacían desde niños. Ninguno tenía plata. Y a ninguno le importaba.
Con la coordinación de Cooder, entre todos sacaron en limpio un repertorio que incluyó algunas de las joyas de la música cubana. De allí salieron tres primeros discos: A toda Cuba le gusta, Presentando a Rubén González y Buena Vista Social Club, que vendió seis millones de copias en el mundo y logró un Grammy en 1998 en la categoría música tradicional.
Julia recomendó esta canción porque “no había escuchado esta canción hace mucho tiempo, y un amigo cafayateño en una guitarreada se pone a tocarla y me volví a enamorar, de la canción eh. Muy buen tema de la tierra cubana.”
Empezamos a imaginar donde estaba Julia el día de esa guitarreada, en un camping, entre las montañas(?) muchos pueden ser los escenarios, incluso la propia Cuba…y nos preguntamos qué magia habrá generado en ella este don de su amigo cafayateño de ponerse a interpretar tan dulce tema.
Y ya que no podemos saber lo que le ocurrió a ella, nos dan ganas de adentrarnos en la historia de este grupo. Ir hacia tierra cubana donde en 1938, en La Habana, se funda el Club Social de Buena Vista. Era un espacio de diversión para el pueblo, donde trabajadores que necesitaban su propio lugar ante la lluvia de turistas norteamericanos -que en la década de los cuarenta disfrutaban de “la isla de la fantasía”-. La Cuba de ese entonces era, para los extranjeros con dólares, sinónimo de hoteles de lujo, grandes casinos y prostíbulos de mujeres alucinantes.
En este contexto, el Buena Vista era una institución, un club, en la que los asociados pagaban una cuota voluntaria al mes y tenían derecho a diversas clases de baile, ebanistería y costura. También podían participar en las competencias de baile que se organizaban al son de los grupos de la época.
La música se convirtió en la fuerza centrífuga de este club social: música callejera, popular, instintiva. Por allí pasaron la orquesta Aragón, Benny Moré, el Trío Matamoros, Pedrito Calvo, Compay Segundo cuando hacía parte de Los Compadres y Cachao, creador del mambo junto a su hermano Oreste. Acá no tocaban por dinero sino por goce y placer comunitario.
"Eran tiempos muy románticos —cuenta Montalvo— saludábamos con el sombrero a las señoritas, y si una te gustaba, le echabas el sombrero al suelo. Si ella te correspondía, pisaba una parte del ala del sombrero y ya estaba". Y nos representa un mundo de galantería y rituales del coqueteo que parece hoy demasiado lejano.
La canción que inmortalizó al club fue la compuesta por Cachao López: un danzón instrumental, un lento vaivén cubano que se presta para que el piano se arriesgue con las improvisaciones que le vayan saliendo, al que tituló con el nombre de la sede: Club Social Buena Vista, o como luego trocó en el inglés de Ry Cooder, Buena Vista Social Club.
En 1996, Ry Cooder - guitarrista y productor norteamericano- viajó a La Habana buscando unos músicos provenientes de África para grabar un disco. Nunca dio con ellos. Sin saber qué inventarse, y asesorado por el arreglista cubano Juan de Marcos González, tuvo una ocurrencia salvadora: decidió ir de casa en casa buscando a esos músicos legendarios que estaban echados en el olvido.
Así encontró a Compay Segundo, de 90 años; al pianista Rubén González, que a sus 77 se dedicaba a tocar el piano para los ensayos de las niñas de la Escuela de Danza de la Habana; al cantante Ibrahím Ferrer, que tenía 70 años y trabajaba como limpiabotas; a Omara Portuondo, a Eliades Ochoa, a Barbarito Torres, al trompetista Manuel Guajiro Mirabal, a Orlando 'Cachaito' López (hijo de Orestes, sobrino de Cachao) y a Manuel 'Puntillita' Licea. En total, eran 17 músicos de sangre con algunas coincidencias: todos eran viejos, ninguno había estudiado en el conservatorio y nunca estuvieron interesados en irse de la isla para convertirse en artistas de renombre internacional. Muchos seguían tomando ron y fumando tabaco, como lo hacían desde niños. Ninguno tenía plata. Y a ninguno le importaba.
Con la coordinación de Cooder, entre todos sacaron en limpio un repertorio que incluyó algunas de las joyas de la música cubana. De allí salieron tres primeros discos: A toda Cuba le gusta, Presentando a Rubén González y Buena Vista Social Club, que vendió seis millones de copias en el mundo y logró un Grammy en 1998 en la categoría música tradicional.
Letra Original
Dos gardenias para ti
con ellas quiero decir
te quiero, te adoro, mi vida.
ponles toda tu atención
porque son tu corazón y el mío.
Dos gardenias para ti
que tendrán todo el calor de un beso
de esos que te di
y que jamás encontraras
en el calor de otro querer.
A tu lado vivirán y te hablaran
como cuando estas conmigo
y hasta creeras
que te dirán te quiero.
Pero si un atardecer
las gardenias de mi amor se mueren
es porque han adivinado
que tu amor se ha marchitado
porque existe otro querer.
Dos gardenias…para tí.





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Comentarios
jAVI. Lunes 8 de marzo del 2010, a las 06:58
Muy bueno!
jero Lunes 8 de marzo del 2010, a las 09:01
Muy buen tema! Hacia mucho que no lo escuchaba tb y es una emocion volverlo a oir. Gracias por acercarnoslo
LocaDora Lunes 8 de marzo del 2010, a las 10:19
Adoro este disco, sorpresa me dieron! 4/5
el trovador ambulante Lunes 8 de marzo del 2010, a las 13:18
Temazo. Discazo.
Dan Abnormal Lunes 8 de marzo del 2010, a las 21:09
tal cual!!
Ignacio Jueves 15 de julio del 2010, a las 19:35
ya le cambié el último párrafo!
te veo pronto linda